¿Buscan viajar a una tierra de hermosos paisajes, donde el turismo de masa no ha llegado y donde aún pueden descubrir una cultura fascinante?
Bueno, entonces será el caso de preparar las maletas para ir a Nueva Zelanda.
Aotearoa “la tierra de la larga nube blanca” es el nombre en lengua maorí de este estado ubicado en el Pacífico Sur, que se compone de 2 islas principales, la Sur y la Norte, y de otros pequeños islotes.
Nueva Zelanda se muestra ante nuestros ojos como un verdadero calidoscopio de paisajes, donde es fácil pasar de montañas nevadas, a cálidas playas con aguas cristalinas, de exuberantes bosques a volcanes activos, o mejor aún, a glaciares y fiordos que ponen a prueba hasta los excursionistas expertos. Las aguas termales, los géiseres y los paisajes lunares, están a la espera de ser descubiertos por los viajeros de todo el mundo.
La mejor época para visitar estas tierras, que para algunos de nosotros pueden ser bastante remotas, es sin duda aquella que va desde noviembre a abril, osea el verano en esta parte de hemisferio.
Si no tenemos intención de permanecer más de 3 meses y nos movemos sólo con fines turísticos no necesitaremos ningún tipo de visado, pero a la entrada en el país se nos pedirá mostrar el pasaporte, que deberá tener almenos otros 3 meses de valides al momento de dejar Nueva Zelanda. Tengamos a mano también el boleto i/v o, en caso deseemos continuar nuestro viaje a otras tierras, el boleto necesario para proseguir.
No está demás recordarles que es obligatorio un seguro médico privado, así como tener una cantidad mínima de dinero durante nuestra estancia, calculen que para un mes son necesarios 1000 dolares neo zelandeses (NZ$) por persona, que son equivalentes a 835 US$ o 630 €.
Esta cifra se puede llevar en efectivo, cheques de viajero o tarjetas de crédito como Visa y Mastercard que, además, se aceptan casi en todas partes, sólo el American Express nos puede dar algunos problemas en el sentido que para usarla debemos dirigirnos a las respectivas oficinas.
Claro que para los maoríes no debe haber sido fácil como para nosotros, llegar a estas tierras.
Ellos, que venían de la Polinesia, enfrentaron un viaje de miles de kilómetros en pleno océano con sus waka (unas canoas de doble casco), utilizando sólo las estrellas, el vuelo de los pájaros y las corrientes marinas para orientarse.
Un pueblo guerrero, en el cuerpo a cuerpo son difíciles de vencer, que ha demostrado su fuerza no sólo en la lucha contra la invasión europea (sólo a principios de 1800 tuvo que sucumbir a las armas de fuego), sino que también en la profunda huella que ha dejado, i sigue dejando, con sus costumbres y tradiciones en la sociedad neo zelandesa.
¿Quién no ha quedado asombrado frente a los maravillosos “Moko” (tatuajes), una verdadera forma de arte reconocido por el gobierno.
El arte maorí vive también en los Tiki, retratos humanos representados a menudo con la lengua fuera, que además de alejar el mal simbolizan la fe, el alma y el valor.
Hueso, madera y jade son hábilmente tallados con diseños maoríes, creando así desde pequeños souvenirs a enteras fachadas de edificios. El arte de tejer, seguramente apreciaran la calidad de los productos de lana, y danzas fascinantes como el “Haka “, donde no sólo las palabras sino también todo el cuerpo expresa el sentimiento de quienes la realizan, se transmiten de generación en generación.
Hoy en día los maoríes conviven en armonía con los descendientes de las diferentes etnias, europeos y no sólo, a los que ellos llaman “kiwi”, nombre que también indica las curiosas aves que habitan en estas islas.
Podemos decir con seguridad que en general los neozelandeses gozan de un nivel de calidad de vida entre los más altos del mundo, mientras que el de la corrupción es uno de los más bajos. El desempleo es de alrededor un 3,5% y tienen un sistema de salud y la educación pública que no tiene nada que envidiar a los sistemas privados.
Este equilibrio parece dar excelentes resultados observando los nombres ilustres de los que puede presumir esta nación. Russell Crowe, legendaria estrella de “Gladiator”, Sir Edmund Hillary, el primero que llegó a la cima del Everest, y Peter Jackson, director de películas como El Señor de los Anillos, son sólo algunos ejemplos de nombres de famosos nacidos en esta hermosa tierras.
Bajo el aspecto naturalista, es la isla del Sur que hace la parte del león, quien lo desea puede empezar por Kaikoura, donde se puede disfrutar del avistamiento de grupos de delfines juguetones, tiburones, ballenas y cachalotes, imagenes que dejarán recuerdos imborrables en sus retinas.
Otro espectáculo sugestivo es aquel que nos ofrece la isla en su costa oeste.
Llamado “Pancakes” el promontorio situado entre las localidades de Westport y Greymouth, se muestra a nosotros como una verdadera montaña de panqueques petrificados.
Pero aquellos que buscan un verdadero desafío tienen que dirigirse al Parque Nacional del Monte Cook, un territorio de glaciares, nieves, selvas y lagos de aguas termales, cuyas cumbres alcanzan los 3000 metros. Sólo llegar al paso de Copland llevará cuatro días de viaje, que son enfrentables sólo con guías profesionales y con buenas condiciones meteorológicas. Por supuesto esto es un paseo sólo para expertos.
Para los menos aventureros al interior del Parque Nacional Fiordland (en la Península de Otago) se encuentra la espléndida localidad de Milford Sound, donde pueden hacer mini-cruceros a la sombra de gigantescos fiordos y hermosas cascadas a un costo promedio de los 105 US$ (79 €) por persona.
Avanzando hacia el sur de la isla encontramos numerosos lagos.
En las orillas del lago Wakatipu surge Queenstows, ciudad más que adecuada para los amantes de los deportes extremos, donde por extremos entiendo también extremadamente caros.
Para lanzarse en paracaídas con un instructor (skydive) necesitaràn unos 249 US$ (187 €), pero si les gusta el bungee jumping se podrán lanzar desde el puente Skippers canyon gastando 165 US$ (124 €), aunque la emoción de esquilar una oveja les va a costar 105 US$ (79 €), la misma cifra servirá para un paseo de 2 horas a caballo.
Tal vez una de las cosas más económicas, solo 89 US$ (67 €), es un paseo de 4 horas por los glaciares completo de guia.
Si después de todo todavía les quedan 2 moneditas (jajajajajaja), dirijanse al lago Te Anau y visiten sus cuevas que son el hábitat del Glow Worms, unos gusanos brillantes similares a las luciérnagas que iluminan el agua en el interior de las cuevas.
Una vez en la región del Southland, frente a la ciudad de Invercargill, verán Stewart Island, donde se podrán encontrar alojamiento a precios muy asequibles en viviendas particulares.
Periquitos, Tui, Fernbirds (aves de helecho) y aves de campana harán las delicias de los viajeros que desean enriquecer su experiencia en la observación de aves. Además, podrán observar el Kiwi, un ave de origen prehistórico, cuyo tamaño a disminuido a lo largo de los siglos, pero no asì sus huevos.
Hemos llegado ya a la costa este, más precisamente en la zona de Catlins, donde las reservas naturales son el hogar de árboles, plantas raras y de animales como leones marinos, pingüinos, patos y nutrias marinas.
Si necesitàn respirar un poco de civilización, viajen a Dunedin una agradable ciudad universitaria con carácter escocés, llena de museos, galerías de arte y castillos.
Pero para cerrar la visita de la Isla del Sur, no hay nada mejor que el paisaje único que ofrece un tramo de costa, que se encuentra 64 km de Dunedin, hablo de la playa de Moeraki. Aquí la naturaleza ha creado una erosión de las rocas realmente particular, creando verdaderos bolos de piedra a la orilla de la playa, un espectáculo realmente impresionante donde sacarse las últimas fotos en la Isla Sur de Nueva Zelanda.
Ahora ya están listo para disfrutar de todo lo que la Isla del Norte tiene para ofrecerles?
Siganme ………
Ecrito por Carola Ruiz



febrero 28th, 2012
Carola Ruiz 


















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